Rockes y Mas
17 de agosto de 2012
12 de julio de 2012
5 de junio de 2012
Corridas de Toros: matar por diversión
Tal vez hayas oído que la fiesta de los toros es un arte, pero no lo es... Es una Ciencia... la ciencia de la Tortura.
Nada en la fiesta brava es genuino, solo el dolor.
24 horas antes de entrar en la arena, el toro ha sido sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el publico de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir NO atacar. También se le han recortado los cuernos para proteger al torero. Le colgaron sacos de arena en el cuello durante horas.
Lo golpearon en los testículos y los riñones Le indujeron diarrea al poner sulfatos en el agua que bebió Todo esto es con el fin de que llegue débil al ruedo y en completo desorden. Se le ha untado grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas se le puso una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto, así el torero no desluce su actuación.
Los caballos de los picadores se eligen a caballos que ya no tienen valor comercial, por que el animal muere en 3 ó 4 corridas a lo mucho, es muy habitual que el animal sufra quebraduras múltiples de costillas o destripamientos. Se les coloca un peto simulando que se les protege, pero en realidad se trata de que el público no vea las heridas al caballo que con frecuencia presentan exposición de vísceras.
El trabajo del picador
Si el torero percibe que el toro embiste con mucha energía, ordena al picador hacer su trabajo: consistente en desangrar al toro para debilitarlo, clavándole en el lomo una lanza que destroza músculos (trapecio, romboideo, espinoso y semiespinoso, serratos y transversos de cuello) Lesiona, además, vasos sanguíneos y nervios.
Esto es para que el torero pueda brindar la expresión artística que se supone debe tener este espectáculo. Un solo puyazo podría destrozar al toro, por eso se hace en tres tiempos "para mayor goce de la afición".
Las banderillas
Las banderillas aseguran que la hemorragia siga. Se intenta colocarlas justo en el mismo sitio ya dañado con los ganchos de metal. El gancho se mueve dentro de la herida con cada movimiento del toro y con el roce de la muleta, el peso de las banderillas tiene precisamente esa función.
Algunas banderillas tienen un arpón de 8 cm, y se les llama "de castigo", a las cuales es sometido el toro cuando ha logrado evadir la lanza del picador. Las banderillas prolongan el desgarre y ahondamiento de las heridas internas. No hay límite al número de banderillazos: tantos como sean necesarios para desgarrar los tejidos y piel del toro.
Demostrando Valor
La pérdida de sangre y las heridas en la espina dorsal impiden que el toro levante la cabeza de manera normal, y es cuando el torero puede acercarse. Con el toro ya cerca del agotamiento, el torero no se preocupa ya del peligro y se puede dar el lujo de retirarse del toro después de un pase especialmente artístico, echando fuera el pecho y pavoneándose al recibir los aplausos del público Cuando el toro alcanza este estado lastimero, el matador entra en el ruedo en una celebración de bravura y machismo, a enfrentarse a un toro exhausto, moribundo y confundido.
¿Cómo puedes Ayudar?
No asistas a corridas de toros.
No apoyes a políticos, artistas y comunicadores asociados a esta barbarie.
No consumas productos de empresas que los patrocinen.
Pero lo más importante... Enseña a tus hijos el respeto por los seres vivientes.
No apoyes a políticos, artistas y comunicadores asociados a esta barbarie.
No consumas productos de empresas que los patrocinen.
Pero lo más importante... Enseña a tus hijos el respeto por los seres vivientes.
27 de mayo de 2012
26 de mayo de 2012
25 de mayo de 2012
27 de enero de 2012
2 de noviembre de 2011
1 de noviembre de 2011
6 de octubre de 2011
2 de octubre de 2011
24 de septiembre de 2011
18 de septiembre de 2011
6 de septiembre de 2011
2 de septiembre de 2011
30 de agosto de 2011
26 de agosto de 2011
Extrechinato y tú - Tres Puertas
Tres Puertas
Una sola puerta de tres, abierta.
Una sola puerta.
Enfrente, la montaña.
Pasa la nube inmensa;
toda suya... todo suyo.
Huracanes de vientos;
lluvia andante semiparalela
y en todo el monte funerales alegres, naturales,
de hojas muertas.
Los cabellos terráqueos danzan todos iguales
al son de trompetas invisibles que vienen de los mares.
Llegó el otoño; llegó la muerte...
¡Mas no para todos!
Hoy morirán hojas y animales.
Mas no morirán para siempre y, en su transformación de mañana
darán
con más calor
a la tierra,
de su muerte,
pasado mañana,
brotes de esperanza.
Y yo no he muerto.
Me alegro de la lluvia
y me alegro del viento.
Si tengo frío, me caliento;
si tengo miedo, ¡Que no lo tengo!,
susurro y pienso...
y para mañana
ya me he comido mi pequeña ración de esperanza.
Una sola puerta de tres, abierta.
Una sola puerta inmensa.
22 de agosto de 2011
21 de agosto de 2011
20 de agosto de 2011
17 de agosto de 2011
EL CERDITO
Juan Carlos Onetti.
La señora estaba siempre vestida de negro y arrastraba sonriente el reumatismo del dormitorio a la sala. Otras habitaciones no había; pero sí una ventana que daba a un pequeño jardín parduzco. Miró el reloj que le colgaba del pecho y pensó que faltaba más de una hora para que llegaran los niños. No eran suyos. A veces dos, a veces tres que llegaban desde las casas en ruinas, más allá de la placita, atravesando el puente de madera sobre la zanja seca ahora, enfurecida de agua en los temporales de invierno. Aunque los niños empezaran a ir a la escuela, siempre lograban escapar de sus casas o de sus aulas a la hora de pereza y calma de la siesta. Todos, los dos o tres; eran sucios, hambrientos y físicamente muy distintos. Pero la anciana siempre lograba reconocer en ellos algún rasgo del nieto perdido; a veces a Juan le correspondían los ojos o la franqueza de ojos y sonrisa; otras; ella los descubría en Emilio o Guido. Pero no trascurría ninguna tarde sin haber reproducido algún gesto, algún ademán de nieto. Pasó sin prisa a la cocina para preparar los tres tazones de café con leche y los panques que envolvían dulce de membrillo. Aquella tarde los chicos no hicieron sonar la campanilla de la verja sino que golpearon con los nudillos el cristal de la puerta de entrada, la anciana demoró en oírlos pero los golpes continuaron insistentes y sin aumentar su fuerza. Por fin, por que había pasado a la sala para acomodar la mesa, la anciana percibió el ruido y divisó las tres siluetas que habían trepados los escalones. Sentados alrededor de la mesa, con los carrillos hinchados por la dulzura de la golosina, los niños repitieron las habituales tonterías, se acusaron entre ellos de fracasos y traiciones. La anciana no los comprendía pero los miraba comer con una sonrisa inmóvil; para aquella tarde, después de observar mucho para no equivocarse, decidió que Emilio le estaba recordando el nieto mucho más que los otros dos. Sobre todo con el movimientos de las manos. Mientras lavaba la loza en la cocina oyó el coro de risas, las apagadas voces del secreteo y luego el silencio. Alguno caminó furtivo y ella no pudo oír el ruido sordo del hierro en la cabeza. Ya no oyó nada más, bamboleó el cuerpo y luego quedó quieta en el suelo de su cocina. Revolvieron en todos los muebles del dormitorio, buscaron debajo del colchón. Se repartieron billetes y monedas y Juan le propuso a Emilio: -Dale otro golpe. Por si las dudas. Caminaron despacio bajo el sol y al llegar al tablón de la zanja cada uno regresó separado, al barrio miserable. Cada uno a su choza y Guido, cuando estuvo en la suya, vacía como siempre en la tarde, levantó ropas, chatarra y desperdicios del cajón que tenía junto al catre y extrajo la alcancía blanca y manchada para guardar su dinero; una alcancía de yeso en forma de cerdito con una ranura en el lomo. FIN |
11 de agosto de 2011
9 de agosto de 2011
7 de agosto de 2011
Está saliendo el sol - solo de armonica
aca un tema de intoxicados, para tocar los solos con la armonica.
ARMONICA EN C solo del principio 4 5 6 - (5) 5 (5) 6 - (5) 5 6 4 - 5 6 (6) 6 - (5) 6 (5) 4 4 - 4 4 5 (5) 5 (5) 6 solo del final 5 4 - 4 (4) 5 - 5 (5) 6 - 4 5 5 4 - 4 5 5 6 - 6 7 (6)- 5 (5) 5 - 4 (4) 4
29 de julio de 2011
15 de julio de 2011
9 de julio de 2011
6 de julio de 2011
5 de julio de 2011
4 de julio de 2011
29 de junio de 2011
27 de junio de 2011
20 de junio de 2011
19 de junio de 2011
El hombre de los ojos bonitos
Vídeo "The Man With The Beautiful Eyes" de Jonathan Hodgson, basado en un poema de Charles Bukowski.
14 de junio de 2011
EL AMANTE DE LAS FLORES - Bukowski
iEn las montañas de Valkeri
entre los pavos reales que se pavonean
encontré una flor
tan grande como mi cabeza
y cuando me estiré
para olerla
perdí el lóbulo de la oreja
parte de la nariz
un ojo
y la mitad de la cajetilla
de cigarrillos
regresé
al siguiente día
con la intención de cortar
aquella maldita cosa
pero la encontré
tan hermosa
que en cambio
maté un
pavo real.
entre los pavos reales que se pavonean
encontré una flor
tan grande como mi cabeza
y cuando me estiré
para olerla
perdí el lóbulo de la oreja
parte de la nariz
un ojo
y la mitad de la cajetilla
de cigarrillos
regresé
al siguiente día
con la intención de cortar
aquella maldita cosa
pero la encontré
tan hermosa
que en cambio
maté un
pavo real.
REGTEST - Luca Prodan
intro:[Am Dm Am E7]x4
Some call this happy valley rock:
Am Dm
play us some music,lord,
Am E7
i hope i won't come on too strong
Am Dm
you can´t refuse it,yeah,
Am E7
but you know you might be wrong
yow could call it reggae,
you couldn't call it rock and roll
come on get ready,
there´s a big ball going to roll
Am
You better get up brother up,
Dm Am
brother up get brother up,yeah
E7
don´t you go too far
Am
you better get down,brother down,
Dm
brother down,brother down,brother down yeah,
Am E7
like a shooting star...
11 de junio de 2011
PITTSBURGH PHIL Y COMPAÑÍA - Bukowski
Este tío, Sommerfield, no trabajaba en nada y además le pegaba a la botella. Era una especie de imbécil y yo trataba de evitarle, pero él siempre estaba asomado colgando de la ventana medio bebido. Me veía salir de mi casa y siempre me decía lo mismo:
-Hey, Hank. ¿Por qué no me llevas a las carreras?
Y yo siempre le contestaba:
-Un día de éstos, Joe, hoy no.
Bueno, él seguía y seguía siempre con lo mismo, colgando de la ventana medio borracho, así que un día le dije:
-Está bien, Cristo, vamos...
Y nos fuimos a las carreras.
Enero en Santa Anita, si conocieras ese hipódromo sabrías que puede hacer verdadero frío cuando estás perdiendo. El viento llega de las montañas nevadas y tus bolsillos están vacíos y tiemblas y piensas en la muerte y en los tiempos duros y en el alquiler y todo lo demás. No es un sitio muy agradable para perder. En Hollywood Park por lo menos puedes volver a tu casa bronceado.
Nos fuimos a las carreras. El habló durante todo el camino. No había estado jamás en un hipódromo. Le tuve que explicar la diferencia entre ganador, colocado y apuesta múltiple. Ni siquiera sabía lo que era una valla de salida o un folleto de apuestas. Cuando llegamos, utilizó mi folleto. Tuve que enseñarle a leerlo. Le pagué la entrada y le compré un programa. Todo lo que él tenía eran dos dólares, me los enseñó. Suficiente para una apuesta.
Dimos una vuelta antes de la primera carrera, mirando a las mujeres. Joe me dijo que no había estado con una mujer en cinco años. Era un tío de apariencia miserable, un verdadero perdedor. Pasamos las páginas del folleto de apuestas y miramos a las mujeres; entonces Joe me dijo:
-¿Cómo es que el caballo 6 está 14 a uno? A mí me parece el mejor.
Traté de explicarle por qué el caballo estaba 14 a uno en relación con los otros caballos, pero él no me escuchaba.
-Tan cierto como el infierno que es el mejor. No lo entiendo. Yo voy a apostar por él.
-Son tus dólares, Joe -dije yo-, y no pienso prestarte ni un céntimo cuando los pierdas.
El nombre del caballo era Red Charley, una bestia de aspecto triste. Salió con las cuatro patas vendadas. Cuando la gente lo vio, su cotización bajó a 18 a uno. Yo puse diez dólares a ganador al caballo lógico, Bold Latrine, un apretado manojo de clase, con una buena temporada a sus espaldas, y segundo favorito en la carrera. Pensé que 7 a 2 era un buen precio para ese caballo.
Era un recorrido de milla y cuarto. Red Charley estaba ya en 20 a uno cuando salió de la valla, y salió el primero; no podías perderlo de vista con tanto vendaje. El chico le pegó fuerte y sacó cuatro cuerpos en la primera recta, debía creerse que estaba en una carrera de cuarto de milla. El jockey sólo había ganado dos veces en 40 montas y en seguida se veía por qué. Llevaba seis cuerpos de ventaja en la recta de vuelta. La espuma caía a chorros por el cuello de Red Charley; parecía condenada crema de afeitar.
En la última curva los seis cuerpos habían disminuido a cuatro y todo el paquete le iba ganando distancia. Al entrar en la recta final, Red Charley sólo sacaba un cuerpo y medio y mi caballo, Bold Latrine, iba avanzando cada vez más. Yo me sentía como si estuviera allí dentro. A mitad de la recta sólo me sacaba una cabeza. Unos metros más y estaría el primero. Pero siguieron de ese modo hasta el final. Red Charley ganó por una cabeza. Pagaron 42,80 dólares.
-Sabía que era el mejor -dijo Joe, y se fue a cobrar su dinero.
Cuando volvió me pidió el folleto de nuevo. Lo ojeó.
-¿Cómo es que Big H está 6 a uno? -me preguntó-. Parece el mejor.
-Puede que te parezca el mejor a ti -dije-, pero según los expertos en caballos y handicap, verdaderos profesionales, su valor es de 6 a uno.
-No te cabrees, Hank. Ya sé que soy un novato en este juego. Sólo quiero decir que me parece como si debiera ser el favorito. No sé. Voy a apostar por él de todas formas. Voy a apostar diez dólares de ganador.
-Es tu dinero, Joe. Sólo tuviste suerte en la primera carrera, el juego no es tan sencillo.
Bueno, Big H ganó y pagaron 14,40 dólares. Joe empezó a pavonearse. Leímos de nuevo el folleto en el bar y Joe pidió una bebida para cada uno y le dio al camarero un dólar de propina. Cuando nos íbamos del bar, se dirigió al camarero y le dijo: «Barneyïs Mole está solo en esta carrera». Barneyïs Mole era el favorito a 6/5, así que no me pareció una predicción tan disparatada. De todos modos, al acabar la carrera, ganador, representó dinero. Pagaron a 4,20 dólares y Joe se sacó 20 dólares gracias a él.
-Esta vez -me dijo- eligieron favorito al caballo adecuado.
Al acabar la jornada, de nueve carreras, Joe había acertado ocho ganadores. En el camino de vuelta, estuvo todo el rato preguntándose cómo podía haberse equivocado en la séptima carrera.
-Blue Truck parecía con mucho el mejor. No entiendo cómo llegó tercero.
-Joe, has ganado 8 de 9. Esa es la suerte del novato. No sabes lo jodido que es este juego.
-A mí me parece fácil. Simplemente eliges el ganador y luego recoges tu dinero.
No volví a hablar en todo el resto del viaje. Esa misma noche llamó a mi puerta y se presentó con una botella de whisky y el folleto de apuestas. Le ayudé a vaciar la botella, él me dijo los nueve ganadores del día siguiente y me explicó por qué. Teníamos entre nosotros a un verdadero experto. Yo sabía cómo podían subirse las carreras a la cabeza. Una vez tuve 17 ganadores seguidos y pensé en comprar casas a todo lo largo de la costa y empezar un negocio de esclavos blancos para proteger mis ganancias de los inspectores de Hacienda. Así de loco te puedes volver.
Me moría de ganas por llevar a Joe al hipódromo al día siguiente. Quería ver su cara cuando fallasen todas sus predicciones. Los caballos eran sólo animales hechos de carne. Continuamente fallaban. Como decían los viejos aficionados: «Hay una docena de formas de perder una carrera y sólo una de ganarla».
Bueno, pues no ocurrió así. Joe acertó 7 de sus 9 ganadores; caballos desconocidos, de tarifa media. Y todo el camino de vuelta estuvo maldiciendo sus dos perdedores. No podía entender por qué había fallado. Yo no dije nada.
El hijo de puta podía tener razón. Pero los porcentajes acabarían venciéndolo. Comenzó a explicarme que yo apostaba mal, y el modo adecuado de hacerlo. Dos días en el hipódromo y ya era un experto. Yo llevaba jugando 20 años y el tío me estaba diciendo que no conocía mi propio culo.
Fuimos toda la semana y Joe siguió ganando. Se volvió tan insoportable que no pude aguantarle por más tiempo. Se compró traje y sombrero nuevos, zapatos y camisas, y empezó a fumar puros de medio dólar. Les dijo a los del subsidio de paro que estaba empleado en su propio negocio y que no necesitaba su sucio dinero por más tiempo. Joe se había vuelto loco. Se dejó crecer el bigote, se compró un reloj de pulsera y un costoso anillo. El martes siguiente le vi dirigirse al hipódromo en coche propio. un Caddy negro del 69. Me saludó desde la ventanilla al tiempo que echaba fuera la ceniza de su puro. En el hipódromo no hablé con él. Ahora iba siempre al sector de socios. Cuando llamó a mi puerta aquella noche, llevaba la habitual botella de whisky y una rubiaza a su lado. Una rubia joven, bien vestida, bien cuidada, tenía unas formas y una cara magníficas. Entraron juntos.
-¿Quién es este viejo sarnoso? -le preguntó a Joe.
-Es mi viejo compadre, Hank -le dijo él-; le conocí cuando yo era pobre. Me llevó un día a las carreras.
-¿Y no tiene alguna vieja?
-El viejo Hank no ha estado con una mujer desde 1965. Oye, ¿qué tal si lo juntamos con la gorda Gertie?
-Oh infiernos, Joe. ¡La gorda Gertie no lo aguantaría! Mira, va vestido como un pordiosero.
-Ten un poco de misericordia, nena, es mi compadre. Sé que no tiene muy buena pinta, pero empezamos juntos, y yo soy muy sentimental.
-Bueno, la gorda Gertie no es sentimental, y le gusta la clase.
-Mira, Joe -dije yo-, olvídate de las mujeres. Siéntate aquí, bebamos unos tragos, y vamos a echar un vistazo al folleto de apuestas para que me digas los ganadores de mañana.
Joe hizo eso. Bebimos y me señaló los caballos. Me escribió nueve nombres en un pedazo de papel. Su chica, Thelma, bueno, Thelma me miraba como si fuese una mierda de perro en medio de un césped bien cuidado.
Estos nueve caballos dieron ocho ganadores al día siguiente. Uno de ellos pagó 62 dólares. No podía entenderlo. Esa noche Joe vino con una chica nueva. Parecía aún más bonita. El se sentó a mi lado con la botella y el folleto de apuestas y me escribió nueve caballos más.
Entonces me dijo:
-Escucha, Hank, me voy a mudar de casa. He encontrado un bonito apartamento de lujo al lado del hipódromo. El tiempo de viaje de ida y vuelta a las carreras era un coñazo. Vámonos, nena. Nos veremos por ahí, chico, adiós.
Sabía lo que pasaba. Mi compadre me estaba dando el cepillazo. Al día siguiente aposté fuerte a los nueve caballos. Siete fueron ganadores. Cuando volví a casa me sumergí en el folleto de apuestas tratando de hallar el motivo por el que los había elegido, pero no parecía haber ninguna razón comprensible. Algunas de sus selecciones eran verdaderos rompecabezas para mí.
No volví a ver a Joe por el patio de apuestas, excepto una vez. Le vi entrar en los locales del club con dos mujeres. Estaba gordo, reía a carcajadas. Llevaba un traje de doscientos dólares y un anillo con un diamante incrustado. Arrojó al suelo a medio fumar un puro importado de dólar y medio.
Ese día perdí todas las carreras.
Dos años más tarde, yo estaba en el hipódromo de Hollywood Park y era un día particularmente caluroso, un jueves. En la sexta carrera había sacado un ganador a 26,80 dólares. Cuando me alejaba de la ventanilla de pagos, oí su voz detrás mío:
-¡Eh, Hank! ¡Hank!
Era Joe.
-Cristo, tío -dijo-. ¡Es maravilloso volver a verte!
-Hola, Joe...
Seguía con su traje de doscientos dólares, en medio de todo ese calor. Todo el mundo iba en mangas de camisa. El necesitaba un afeitado, sus zapatos estaban polvorientos y el traje estaba arrugado y sucio. El diamante había desaparecido, el reloj de pulsera había desaparecido.
-Dame un cigarrilo, Hank.
Le dí un cigarrillo y cuando lo encendió, noté que sus manos temblaban.
-Necesito un trago, tío -me dijo.
Lo llevé a un bar y nos tomamos un par de whiskies. Joe estudió el folleto de apuestas.
-Escucha, tío; yo te he señalado un montón de ganadores, ¿no?
-Claro que sí, Joe.
Estuvimos allí mirando el folleto por un rato.
-Ahora coge esta carrera -dijo-. Mira a Black Monkey. Va a ganar, Hank. Lo tiene chupado. Y está 8 a uno.
-¿Te gustan sus posibilidades, Joe?
-Está hecho, tío. Ganará como la luz del día.
Pusimos nuestras apuestas a Black Monkey y salimos a ver la carrera. Llegó en séptimo lugar.
-No lo entiendo -dijo Joe-. Mira, déjame dos pavos más, Hank. Siren Call está en la próxima, no puede perder. No hay manera.
Siren Call llegó a alcanzar un quinto puesto, pero eso no es una gran ayuda cuando apuestas a ganador. Joe me sacó otros dos dólares para la novena carrera y su caballo llegó el último. Me dijo que no tenía coche y que si me importaba llevarle a casa.
-No te lo vas a creer -me dijo-, pero estoy de nuevo en la miseria.
-Te creo, Joe.
-Pero me remontaré. Sabes, Pittsburgh Phil se arruinó media docena de veces. Siempre consiguió volver a enriquecerse. Sus amigos tenían fe en él. Le prestaban dinero.
Cuando le dejé, me encontré con que ahora vivía en una vieja casa de habitaciones alquiladas, a unas cuatro manzanas de la mía. Yo nunca me había mudado. Cuando bajó del coche me dijo:
-Hay un programa cojonudo para mañana, lo tengo controlado. ¿Vas a ir?
-No estoy seguro, Joe.
-Quiero saber si vas a ir.
-Claro, Joe.
Esa noche oí llamar a mi puerta. Reconocí la llamada de Joe. No contesté. Seguí tumbado en la cama. El siguió llamando. Yo tenía la televisión encendida, pero seguí sin contestar. El volvió a llamar.
-¡Hank! ¡Hank! ¿Estás ahí? ¡EH, HANK!
Entonces empezó a pegarle de verdad a la puerta, el hijo de puta. Estaba frenético. Golpeó y golpeó, una y otra vez. Al fin paró. Le oí bajar las escaleras. Entonces oí cerrarse la puerta principal de la casa. Me levanté, apagué el televisor, fui hasta el frigorífico, me hice un sandwich de jamón y queso, y abrí una botella de cerveza. Me senté con todo ello, abrí el folleto de apuestas del día siguiente y empecé a mirar la primera carrera, un premio de cinco mil dólares potros de más de tres años. Me gustaba el número 8. Estaba homologado en 5 a uno. De cualquier modo, me quedaba con él.
8 de junio de 2011
6 de junio de 2011
El Principiante - Bukowski
-Mira, nena, no tengo prisa por volver a ese hospital. Tendría que
buscar algo que me apartara de la bebida. Hoy, por ejemplo, ¿qué se puede
hacer sino emborracharse? El cine no me gusta. Los zoos son estúpidos. No
podemos pasarnos todo el día jodiendo. Es un problema.
-¿Has ido alguna vez a un hipódromo?
-¿Qué es eso?
-Donde corren los caballos. Y tú apuestas.
-¿Hay algún hipódromo abierto hoy?
-Hollywood Park.
-Vamos.
Madge me enseñó el camino. Faltaba una hora para la primera carrera y el aparcamiento estaba casi lleno. Tuvimos que aparcar a casi un kilómetro de la entrada.
-Parece que hay mucha gente -dije.
-Sí, la hay.
-¿Y qué haremos ahí dentro?
-Apostar a un caballo.
-¿A cuál?
-Al que quieras.
-¿Y se puede ganar dinero?
-A veces.
Pagamos la entrada y allí estaban los vendedores de periódicos diciéndonos:
-¡Lea aquí cuales son sus ganadores! ¿Le gusta el dinero? ¡Nosotros le ayudaremos a que lo gane!
Había una cabina con cuatro personas. Tres de ellas te vendían sus selecciones por cincuenta centavos, la otra por un dólar. Madge me dijo que comprase dos programas y un folleto informativo. El folleto, me dijo, trae el historial de los caballos. Luego me explicó cómo tenía que hacer para apostar.
-¿Sirven aquí cerveza? -pregunté.
-Sí claro. Hay un bar.
Cuando entramos, resultó que los asientos estaban ocupados. Encontramos un banco atrás, donde había como una zona tipo parque, cogimos dos cervezas y abrimos el folleto. Era sólo un montón de números.
-Yo sólo apuesto a los nombres de los caballos -dijo ella.
-Bájate la falda. Están todos viéndote el culo.
-¡Oh! Perdona.
-Toma seis dólares. Será lo que apuestes hoy.
-Oh, Harry, eres todo corazón -dijo ella.
En fin, estudiamos todo detenidamente, quiero decir estudié, y tomamos otra cerveza y luego fuimos por debajo de la tribuna a primera fila de pista. Los caballos salían para la primera carrera. Con aquellos hombrecitos encima vestidos con aquellas camisas de seda tan brillantes. Algunos espectadores chillaban cosas a los jinetes, pero los jinetes les ignoraban. Ignoraban a los aficionados y parecían incluso un poco aburridos.
-Ese es Willie Shoemaker -dijo Madge, señalándome a uno. Willie Shoemaker parecía a punto de bostezar. Yo también estaba aburrido. Había demasiada gente y había algo en la gente que resultaba depresivo.
-Ahora vamos a apostar -dijo ella.
Le dije dónde nos veríamos después y me puse en una de las colas de dos dólares ganador. Todas las colas eran muy largas. Yo tenía la sensación de que la gente no quería apostar. Parecían inertes. Cogí mi boleto justo cuando el anunciador decía: «¡Están en la puerta!».
Encontré a Madge. Era una carrera de kilómetro y medio y nosotros estábamos en
la línea de meta.
-Elegí a Colmillo Verde -le dije.
-Yo también -dijo ella.
Tenía la sensación de que ganaríamos. Con un nombre como aquél y la última carrera que había hecho, parecía seguro. Y con siete a uno.
Salieron por la puerta y el anunciador empezó a llamarlos. Cuando llamó a Colmillo Verde, muy tarde, Madge gritó:
-¡COLMILLO VERDE!
Yo no podía ver nada. Había gente por todas partes. Dijeron más nombres y luego Madge empezó a saltar y a gritar:
¡COLMILLO VERDE! ¡COLMILLO VERDE!
Todos gritaban y saltaban. Yo no decía nada. Luego, llegaron los caballos.
-¿Quién ganó? -pregunté.
-No sé -dijo Madge-. Es emocionante, ¿eh?
-Sí.
Luego, pusieron los números. El favorito 7/5 había ganado, un 9/2 quedaba segundo y un 3 tercero.
Rompimos los boletos y volvimos a nuestro banco.
Miramos el folleto para la siguiente carrera.
-Apartémonos de la línea de meta para poder ver algo la próxima vez.
-De acuerdo -dijo Madge.
Tomamos un par de cervezas.
-Todo esto es estúpido -dije-. Esos locos saltando y gritando, cada uno a un caballo distinto. ¿Qué pasó con Colmillo Verde?
-No sé. Tenía un nombre tan bonito.
-Pero los caballos no saben cómo se llaman... El nombre no les hace correr.
-Estás enfadado porque perdiste la carrera. Hay muchas más carreras.
Tenía razón. Las había.
Seguimos perdiendo. A medida que pasaban las carreras, la gente empezaba a parecer muy desgraciada, desesperada incluso. Parecían abrumados, hoscos. Tropezaban contigo, te empujaban, te pisaban y ni siquiera decían «perdón». O «lo siento».
Yo apostaba automáticamente, sólo porque ella estaba allí. Los seis dólares de Madge se acabaron al cabe de tres carreras y no le di más. Me di cuenta de que era muy difícil ganar. Escogieras el caballo que escogieras, ganaba otro. Yo ya no pensaba en las probabilidades.
En la carrera principal aposté por un caballo que se llamaba Claremount III. Había ganado su última carrera fácilmente y tenía un buen tanteo. Esta vez llevé a Madge cerca de la curva final. No tenía grandes esperanzas de ganar. Miré el tablero y Claremount III estaba 25 a uno. Terminé la cerveza y tiré el vaso de papel. Doblaron la curva y el anunciador dijo:
-¡Ahí viene Claremount III!
Y yo dije:
-¡Oh, no!
-¿Apostaste por él? -dijo Madge.
-Sí -dije yo.
Claremount pasó a los tres caballos que iban delante de él, y se distanció en lo que parecían unos seis largos. Completamente solo.
-Dios mío -dije-, lo conseguí.
-¡Oh, Harry! ¡Harry!
-Vamos a tomar un trago -dije.
Encontramos un bar y pedí. Pero esta vez no pedí cerveza. Pedí whisky.
-Apostamos por Claremount III -dijo Madge al del bar.
-¿Sí? -dijo él.
-Sí -dije yo, intentando parecer veterano. Aunque no sabía cómo eran los veteranos del hipódromo.
Me volví y miré el marcador. CLAREMOUNT se pagaba a 52,40.
-Creo que se puede ganar a este juego -le dije a Madge -. Sabes, si ganas una vez no es necesario que ganes todas las carreras. Una buena apuesta, o dos, pueden dejarte cubierto.
-Así es, así es -dijo Madge.
Le di dos dólares y luego abrimos el folleto. Me sentía confiado. Recorrí los caballos. Miré el tablero.
-Aquí está -dije-. LUCKY MAX. Está nueve a uno ahora. El que no apueste por Lucky Max es que está loco. Es sin duda el mejor y está nueve a uno. Esta gente es tonta.
Fuimos a recoger mis 52,40.
Luego fui a apostar por Lucky Max. Sólo por divertirme, hice dos boletos de dos dólares con él ganador.
Fue una carrera de kilómetro y medio, con un final de carga de caballería. Debía haber cinco caballos en el alambre. Esperamos la foto. Lucky Max era el número seis. Indicaron cuál era el primero:
6.
Oh Dios mío todopoderoso. LUCKY MAX.
Madge se puso loca y empezó a abrazarme y besarme y dar saltos.
También ella había apostado por él. Había alcanzado un diez a uno. Se pagaba 22,80 dólares. Le enseñé a Madge el boleto ganador extra. Lanzó un grito. Volvimos al bar. Aún servían. Conseguimos beber dos tragos antes de que cerraran.
-Dejemos que se despejen las colas -dije-. Ya cobraremos luego.
-¿Te gustan los caballos, Harry?
-Se puede -dije-, se puede ganar, no hay duda.
Y allí estábamos, bebidas frescas en la mano, viendo bajar a la multitud por el túnel camino del aparcamiento.
-Por amor de Dios -le dije a Madge-, súbete las medias. Pareces una lavandera.
-¡Uy! ¡Perdona papaíto!
Mientras se inclinaba, la miré y pensé, pronto podré permitirme algo un poquillo mejor que esto.
Jajá.
2 de junio de 2011
Dulce introducción al caos - tablatura-
SOL RE DO RE
Como quieres que escriba una canción
SOL RE DO RE
si a tu lado no hay reivindicación.
DO RE Mim
La canción de que el tiempo no pasara
RE DO
donde nunca pasa nada.
SOL RE DO RE
Una racha de viento nos visitó
SOL RE DO RE
y el árbol ni una rama se le agitó.
DO RE Mim
La canción de que el viento se parara
RE DO
donde nunca pasa nada.
SOL RE DO RE
Un otoño el demonio se presentó
SOL RE DO RE
fue cuando el arbolito se deshojó.
DO RE Mim
La canción de que el tiempo se atrasara
RE DO
donde nunca pasa nada.
SOL RE DO RE
Una racha de viento nos visitó
SOL RE DO RE
pero nuestra veleta ni se inmutó.
DO RE Mim
La canción de que el viento se parara
RE DO
donde nunca pasa nada.
SOL RE
Mientras tanto pasan las horas,
DO RE
sueño que despierto a su vera,
SOL RE
me pregunto si estará sola
DO RE
y ardo dentro de una hoguera.
SOL RE DO RE
Como quieres que escriba una canción
SOL RE DO RE
si a tu lado he perdido la ambición.
DO RE Mim
La canción de que el tiempo no pasara
RE DO
donde nunca pasa nada.
SOL RE DO RE
Se rompio la cadena que ataba el reloj a las horas,
SOL RE DO RE
se paró el aguacero ahora somos flotando dos gotas.
DO RE Mim Sim
Agarrado un momento a la cola del viento me siento mejor,
DO RE Mim Sim
y olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor.
DO ReE
Volar! volar!
SOL RE DO RE
Una racha de viento nos visitó
SOL RE DO RE
y a nosotros ni el pelo se nos movió.
DO RE Mim
La canción de que el viento se parara
RE DO
donde nunca pasa nada.
Mim RE Mim
Ya no queda una piedra en pie
RE
porque el viento lo derribó
Do Sim
No! No hay esa canción
Mim Re
Ya no queda nada de ayer
Mim Re
porque el viento se lo llevó
Do Sim
No! No hay esa canción
Mim Re
Ya no queda una piedra en pie
Mim Re
porque el viento lo derribó
Do Sim
No! No hay esa canción
Mim Re
Ya no queda nada de ayer
Mim Re
porque el viento se lo llevó
Do Sim
No! No hay esa canción
31 de mayo de 2011
Romance de José Etxailarena - tablatura
Para los principiantes, que buscan algo con acordes sencillos y sin complicaciones. Una gran cancion.
(Mim) Escapé de la (Do) cama,
con lo (Sol) bien que estaba con tus (Re)
besos de canela en (Mim) rama (Do),
con tu sol que (Sol) rezuma como si fuera (Re)espuma,
Mim Do
pero va, preparad la escombrera,
Sol Re Mim Do
que me enciendo y ruedo muy flamenco por las escaleras,
Sol Re
como un soplo de cierzo, tal que una enredadera,Fa Do
"este niño nunca va a llegar a ná”,
Re
se murmuran entre todos al pasar
Lam
y es que me aspiro la vida en tres calás,
Fa Do
la primera le pega fuego al colchón,
Re
la segunda gira todas las veletas,
Lam Sol
la tercera va arrasando las cunetas de mi corazón,
Do Sol Lam
y entra el amor, flaco y mojao,
Fa Lam
como una raspa de pescao,
Do Sol
como un beso puesto al trasluz,
Do Sol Lam
y de su mano llegas tú,
Fa Lam
con tu pelo como el betún,
Do Sol
como un piropo bien tirao,
es como salir de la trena,
aunque cuando esté contigo corra el vino tinto por mis venas
y salir de tu ombligo no merezca la pena,
¿pa qué?, ¿pa encontrarme perdío?,
¿pa rodar como ruedan al mar las piedritas del río?,
¿pa encontrarme a tu mundo?,... pa eso ya tengo el mío,
“este niño se nos va a descalabrar”
se murmura entre todos al pasar
y es que me meto la vida en tres calás,
la primera se atrinchera en un rincón,
la segunda me va haciendo menos daño,
la tercera está subiendo los peldaños de mi corazón,
y entra el amor, flaco y mojao,
como una raspa de pescao,
como un beso puesto al trasluz,
y de su mano llegas tú,
con tu pelo como el betún,
como un piropo bien tirao,
Lam Re Fa Do
no hay romance ni flor que supuren amor viviendo en un florero,
Lam Re Fa Do
no se pueden regar con agüita con sal las matas de romero,
Lam Re Fa Do
morirán sin razón, casi igual que el olor de los invernaderos,
Lam Re Fa Sol
los tallos de verdad no se deben quebrar... NOOO!!!30 de mayo de 2011
NECESITO DROGAS Y AMOR -tablatura-
INTRO (FA-LA-SOL-LA-FA-LA-SOL) x2 FA SOL lam SOL NO ME CONOCES SOLO SON 2 DIAS YO NUNCA DOY UN PASO ATRAS FA SOL lam SOL ROMPER BARRERAS QUIERO CADA DIA YA SE QUE NO SOY SUPERMAN DO SOL lam FA NO NECESITO ALAS PARA VOLAR PREFIERO LSD DO SOL lam FA NO NECESITO VERTE PA SABER QUE NO TE OLVIDARE lam SOL FA MI AGUANTO POR QUE YA TENGO CON QUE lam SOL FA MI FUNDIR LA NIEVE AL PASO DE MIS PIES lam SOL FA MI VIVIENDO BAJO EL AGUA COMO UN PEZ lam SOL FA NO ENTIENDO POR QUE ME MUERO DE SED FA SOL lam SOL NO SOLO VIVO DEL AIRE NECESITO TU SUDOR FA SOL lam SOL NO SOLO DEL AIRE NECESITO TU ALEGRIA FA SOL lam SOL NO SOLO VIVO DEL AIRE DE PONERME NOCHE Y DIA FA SOL lam SOL NO SE LO CUENTES A NADIE LOS CAMELLOS NO ME FIAN FA/LA SOL LA FA/LA SOL LA DIRAN QUE APENAS NECESITO RESPIRAR Y ME SALGO CON LA MIA SERA QUE APENAS NECESITO RESPIRAR Y ME SALGO CON LA MIA DIRE QUE APENAS NECESITO RESPIRAR Y ME SALGO CON LA MIA SERA QUE APENAS NECESITO RESPIRAR Y ME SALGO CON LA MIA Los acordes que acompañarian al punteo del final son: FA,SOL, lam, SOL - así todo el tiempo del punteo
CLASE - Bukowski
CLASE
CHARLES BUKOWSKI
No estoy muy seguro del lugar. Algún sitio al Noroeste de California. Hemingway acababa de terminar una novela, había llegado de Europa o de no sédonde, y ahora estaba en el ring pegándose con un tío. Había periodistas, críticos, escritores -bueno, toda esa tribu- y también algunas jóvenes damas sentadas entre las filas de butacas. Me senté en la última fila. La mayor parte de la gente no estaba mirando a Hem. Sólo hablaban entre sí y se reían.
El sol estaba alto. Era a primera hora de la tarde. Yo observaba a Ernie. Tenía atrapado a su hombre, y estaba jugando con él. Se le cruzaba, bailaba, le daba vueltas, lo mareaba. Entonces lo tumbó. La gente miró. Su oponente logró levantarse al contar ocho. Hem se le acercó, se paró delante de él, escupió su protector bucal, soltó una carcajada, y volteó a su oponente de
un puñetazo. Era como un asesinato. Ernie se fue hacia su rincón, se sentó. Inclinó la cabeza hacia atrás y alguien vertió agua sobre su boca.
Yo me levanté de mi asiento y bajé caminando despacio por el pasillo central. Llegué al ring, extendí la mano y le di unos golpecitos a Hemingway en el hombro.
-¿Señor Hemingway?
-¿Sí, qué pasa?
-Me gustaría cruzar los guantes con usted.
-¿Tienes alguna experiencia en boxeo?
-No.
-Vete y vuelve cuando hayas aprendido algo.
-Mire, estoy aquí para romperle el culo.
Ernie se rió estrepitosamente. Le dijo al tío que estaba en el rincón.
-Ponle al chico unos calzones y unos guantes.
El tío saltó fuera del ring y yo le seguí hasta los vestuarios.
-¿Estás loco, chico? -me preguntó.
-No sé. Creo que no.
-Toma. Pruébate estos calzones.
-Bueno.
-Oh, oh... Son demasiado grandes
-A la mierda. Están bien.
-Bueno, deja que te vende las manos.
-Nada de vendas.
-¿Nada de vendas?
-Nada de vendas.
-¿Y qué tal un protector para la boca?
-Nada de protectores.
-¿Y vas a pelear en zapatos?
-Voy a pelear en zapatos.
Encendí un puro y salimos afuera. Bajé tranquilamente hacia el ring fumando mi puro. Hemingway volvió a subir al ring y ellos le colocaron los guantes.
No había nadie en mi rincón. Finalmente alguien vino y me puso unos guantes. Nos llamaron al centro del ring para darnos las instrucciones.
-Ahora, cuando caigas a la lona -me dijo el árbitro- yo...
-No me voy a caer -le dije al árbitro.
Siguieron otras instrucciones.
-Muy bien, volved a vuestros rincones; y cuando suene la campana, salid a pelear. Que gane el mejor. Y -se dirigió hacia mí- será mejor que te quites ese puro de la boca.
Cuando sonó la campana salí al centro del ring con el puro todavía en la boca. Me chupé toda una bocanada de humo, y se la eché en la cara a Hemingway. La gente rió.
Hem se vino hacia mí, me lanzó dos ganchos cortos, y falló ambos golpes. Mis pies eran rápidos. Bailaba en un continuo vaivén, me movía, entraba, salía, a pequeños saltos, tap tap tap tap tap, cinco veloces golpes de izquierda en la nariz de Papá. Divisé a una chica en la fila frontal de butacas, una cosa muy bonita, me quedé mirándola y entonces Hem me lanzó un directo de derecha que me aplastó el cigarro en la boca. Sentí cómo me quemaba los labios y la mejilla, me sacudí la ceniza, escupí los restos del puro y le pegué un gancho en el estómago a Ernie. El respondió con un derechazo corto, y me pegó con la izquierda en la oreja. Esquivó mi derecha y con una fuerte volea me lanzó contra las cuerdas. Justo al tiempo de sonar la campana me tumbó son un sólido derechazo a la barbilla. Me levanté y me fui hasta mi rincón.
Un tío vino con una toalla.
-El señor Hemingway quiere saber si todavía deseas seguir otro asalto.
-Dile al señor Hemingway que tuvo suerte. El humo se me metió en los ojos. Un asalto más es todo lo que necesito para finalizar el asunto.
El tío con la toalla volvió al otro extremo y pude ver a Hemingway riéndose.
Sonó la campana y salí derecho. Empecé a atacar, no muy fuerte, pero con buenas combinaciones. Ernie retrocedía, fallando sus golpes. Por primera vez pude ver la duda en sus ojos.
¿Quién es este chico?, estaría pensando. Mis golpes eran más rápidos, le pegué más duro. Atacaba con todo mi aliento. Cabeza y cuerpo. Una variedad mixta. Boxeaba como Sugar Ray y pegaba como Dempsey.
Llevé a Hemingway contra las cuerdas. No podía caerse. Cada vez que empezaba a caerse, yo lo enderezaba con un nuevo golpe. Era un asesinato. Muerte en la tarde.
Me eché hacia atrás y el señor Hemingway cayó hacia adelante, sin sentido y ya frío.
Desaté mis guantes con los dientes, me los saqué, y salté fuera del ring. Caminé hacia mi vestuario; es decir, el vestuario del señor Hemingway, y me di una ducha. Bebí una botella de cerveza, encendí un puro y me senté en el borde de la mesa de masajes. Entraron a Ernie y lo tendieron en otra mesa. Seguía sin sentido. Yo estaba allí, sentado, desnudo, observando cómo se preocupaban por Ernie. Había algunas mujeres en la habitación, pero no les presté la menor atención. Entonces se me acercó un tío.
-¿Quién eres? - me preguntó-. ¿Cómo te llamas?
-Henry Chinaski.
-Nunca he oído hablar de ti -dijo.
-Ya oirás.
Toda la gente se acercó. A Ernie lo abandonaron. Pobre Ernie. Todo el mundo se puso a mi alrededor. También las mujeres. Estaba rodeado de ladrillos por todas partes menos por una. Sí, una verdadera hoguera de clase me estaba mirando de arriba a abajo. Parecía una dama de la alta sociedad, rica, educada, de todo -bonito cuerpo, bonita cara, bonitas ropas, todas esas
cosas-. Y clase, verdaderos rayos de clase.
-¿Qué sueles hacer? -preguntó alguien.
-Follar y beber.
-No, no- Quiero decir en qué trabajas.
-Soy friegaplatos.
-¿Friegaplatos?
-Sí.
-¿Tienes alguna afición?
-Bueno, no sé si puede llamarse una afición. Escribo.
-¿Escribes?
-Sí.
-¿El qué?
-Relatos cortos. Son bastante buenos.
-¿Has publicado algo?
-No.
-¿Por qué?
-No lo he intentado.
-¿Dónde están tus historias?
-Allá arriba -señalé una vieja maleta de cartón.
-Escucha, soy un crítico del New York Times. ¿Te importa si me llevo tus relatos a casa y los leo? Te los devolveré.
-Por mi de acuerdo, culo sucio, sólo que no sé dónde voy a estar.
La estrella de clase y alta sociedad se acercó:
-El estará conmigo. -Luego me dijo-. Vamos, Henry, vístete. Es un viaje largo y tenemos cosas que... hablar.
Empecé a vestirme y entonces Ernie recobró el sentido.
-¿Qué coño pasó?
-Se encontró con un buen tipo, señor Hemingway -le dijo alguien.
Acabé de vestirme y me acerqué a su mesa.
-Eres un buen tipo, Papá. Pero nadie puede vencer a todo el mundo.
-Estreché su mano-. No te vueles los sesos.
Me fui con mi estrella de alta sociedad y subimos a un coche amarillo descapotado, de media manzana de largo. Condujo con el acelerador pisado a fondo, tomando las curvas derrapando y chirriando, con el rostro bello e impasible. Eso era clase. Si amaba de igual modo que conducía, iba a ser un infierno de noche.
El sitio estaba en lo alto de las colinas, apartado. Un mayordomo abrió la puerta.
-George -le dijo-. Tómate la noche libre. O, mejor pensado, tómate la semana libre.
Entramos y había un tío enorme sentado en una silla, con un vaso de alcohol en la mano.
-Tommy -dijo ella- desaparece.
Fuimos introduciéndonos por los distintos sectores de la casa.
-¿Quién era ese grandulón?
-Thomas Wolfe -dijo ella-. Un coñazo.
Hizo una parada en la cocina para coger una botella de bourbon y dos vasos.
Entonces dijo:
-Vamos.
La seguí hasta el dormitorio.
A la mañana siguiente nos despertó el teléfono. Era para mí. Ella me alcanzó el auricular y yo me incorporé en la cama.
-¿Señor Chinaski?
-¿Sí?
-Leí sus historias. Estaba tan exitado que no he podido dormir en toda la noche. ¡Es usted seguramente el mayor genio de la década!
-¿Sólo de la década?
-Bueno, tal vez del siglo.
-Eso está mejor.
-Los editores de Harperis y Atlantic están ahora aquí conmigo. Puede que no se lo crea, pero cada uno ha aceptado cinco historias para su futura publicación.
-Me lo creo -dije.
El crítico colgó. Me tumbé. La estrella y yo hicimos otra vez el amor.
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